Tuesday, September 06, 2005
TRILOGIA SIMONIANA
En la mejor tradición simoniana (ver, Julian Simon, The Ultimate Resource II), José Carlos Rodriguez publicó en Ideas, la revista de Libertad Digital, tres artículos:Los Agoreros Fallan Siempre, 13 de agosto de 2004,Porqué no nos Quedaremos sin Petróleo, 20 de agosto de 2004, yLa Falacia del Desarrollo Sostenible, 27 de agosto de 2004,en los que pretende rebatir la "absurda y estrecha idea de la finitud de los recursos". Idea que, según dice, los ecologistas utilizan para "atacar sistemáticamente la libertad económica y el crecimiento", movidos por el "interés político de achacar a las sociedades libres todos los males posibles", con el propósito - y éste sería "su verdadero objetivo" - de hacerse con el poder mediante un "comité científico-ecologista" de alcance planetario. Así, alertar sobre la finitud de los recursos no-renovables, señalar las consecuencias medioambientales del desarrollo económico del último siglo, proponer un desarrollo sostenible y guiarse por el Principio de Precaución a la hora de decidir actuaciones - por ejemplo, frente al cambio climático - no serían sino "pretexto[s] ideológicos para situarse en una posición de poder que no les corresponde".Para destruir esta "absurda y estrecha idea de la finitud de los recursos" y desmontar así la estrategia de toma del poder que adjudica a los ecologistas, José Carlos Rodriguez se propone demostrar que "los recursos no sólo no se agotan sino que ... se hacen más abundantes" porque "a largo plazo, el desarrollo de la tecnología permite mayores productividades, un mejor reciclaje y la sustitución [de unos recursos por otros] ... lo que hace que la cantidad de recursos no sea más escasa sino más abundante". Por tanto, "no hay motivo para esperar que la finitud física de los materiales impida un desarrollo potencialmente ilimitado de los bienes". Así, por ejemplo, "el desarrollo tecnológico nos permitirá evitar el agotamiento del petróleo y otros minerales".En apoyo de la tesis de la progresiva abundancia de recursos, cita un artículo de David Osterfeld (The Increasing Abundance of Resources), escrito en 1984, en el que referencia al economista Wilfred Beckerman de quien dice que, "básándose en datos del Banco Mundial, ha calculado que los minerales que se hallan en la primera milla de profundidad de la corteza terrestre son suficientes para satisfacer las crecientes necesidades humanas durante cien mil millones de años", y al también economista William D. Nordhaus, para quien, "sólo con la tecnología actual ... hay recursos para más de 8.000 años". Lo cual hace hace decir a José Carlos Rodriguez que "los datos demuestran, sin lugar a dudas, que las pesimistas visiones de los neo-malthusianos no tienen base alguna", y que por tanto "es razonable desconfiar de los agoreros ecologistas por más que no dejen de repetir sus augurios". Augurios a los que él pasa revista, siguiendo a Osterfeld, explicando que una serie de predicciones que se hicieron en los últimos 100 años han resultado erróneas. Las dos más relevantes serían The Coal Question de William Stanley Jevons (1866) y The Limits to Growth del Club de Roma (1972). De pasada, recuerda también la apuesta que Ehrlich perdió frente a Julian Simon sobre la evolución del precio de las materias primas a 10 años vista.En su segundo artículo, pasa a esbozar la teoría que explicaria "la aparente paradoja de que los recursos no sólo no se agotan sino que, si se permite funcionar a la libertad de mercado, se hacen más abundantes", refiriéndose en concreto al petróleo. Dicha teoría (que más adelante bautizaría como Teoría Dinámica de los Recursos) parte de que en realidad "no deseamos esos recursos por sí mismos, sino por el servicio que nos proporcionan y que, por tanto, la cantidad física de los recursos no es importante, sino la de los servicios", y con "el avance económico y tecnológico la cantidad de servicios que se pueden obtener con la misma cantidad física de recursos aumenta". De ahí que no tengamos que preocuparnos por la finitud de los recursos físicos, porque, por ejemplo, "con un aumento de productividad anual del 5%, y de un aumento de consumo del 3%, se podría aumentar indefinidamente el consumo". En apoyo de este fenómeno, y de las mejoras de eficiencia, cita tres ejemplos: "los coches en EE.UU. andan hoy, con la misma cantidad de combustible, un 60% más de kilómetros que en 1973 ... la cantidad de carbón necesaria para mover una tonelada se redujo a menos de la décima parte de 1830 a 1890 ... [y] los cables de cobre de hoy contienen la mitad de material por metro que en los 70".Acepta, eso sí, que "las previsiones de los más pesimistas" puedan cumplirse "temporalmente" y que en determinado momento escasee un material - el petróleo, por ejemplo - y suba su precio. Pero de acuerdo con su teoría - compartida, cierto es, en este aspecto, por la mayoría de economistas - este aumento de precios desencadena una serie de mecanismos de mercado que solventan el problema. Con el aumento de precio, se restringe su uso a las aplicaciones "estrictamente más urgentes"; se incentiva una utilización más eficiente del mismo; aumentan los recursos económicos dedicados a descubrir y explotar yacimientos que antes no eran rentables; y, en última instancia, "se sustituye por otro que cumpla la misma función". Este proceso de sustitución lo ilustra con varios ejemplos: la leña por el carbón y éste por el petróleo; el cobalto por materiales cerámicos en los imanes y por manganeso en las pinturas; y el marfil por materiales plásticos.Ahora bien, y ahí está uno de los errores clave que achaca a los ecologistas, este mecanismo "no es automático, sino que depende de que las instituciones que prevalezcan en la sociedad permitan un libre desarrollo de la empresarialidad y el ingenio humanos", y por tanto, "en contra de lo propuesto por el ecologismo, no hay que aumentar la planificación y el control ambiental, sino tener una mayor confianza en la libertad". A lo que añade que "el tipo de sacrificios que impone el Desarrollo Sostenible ... redundarían en un menor crecimiento, y por tanto en menores bienes y servicios para el futuro", ya que "la riqueza del futuro se construye a partir de la acumulada anteriormente, y si la sacrificamos hoy, mañana habrá menos con que crear".Cierra su trilogía con una cita de uno de sus autores preferidos, George Riesman (Capitalism) : "la clave última de la disponibilidad económica de los recursos naturales es la inteligencia humana motivada, lo cual quiere decir una sociedad capitalista", que creo que resume perfectamente su intención al escribir estos artículos.___________________________________________________Estos artículos, como casi todos los de José Carlos Rodriguez, son un ejemplo casi perfecto de lo que en inglés se conoce por advocacy, que significa actuar en apoyo de una causa, de una idea o de una política concreta, y que quizás podríamos traducir como abogar por. En este sentido, es la antítesis de lo que también en inglés se conoce por critical thinking y que equivaldría a pensar con fundamento, buscando la verdad de las cosas, sea ésta cual sea. De la misma forma que la misión de un abogado defensor no es esclarecer la verdad, sino obtener la absolución de su defendido, el objetivo de quien practica la advocacy es convencer, incluso por encima de la realidad o veracidad de los hechos o ideas que se discuten. Es, en cierta forma, una técnica de venta.Por eso, quien practica la advocacy suele ser poco cuidadoso con los hechos y los datos; suele recurrir a los prejuicios de su audiencia utilizando todo tipo de falacias sin el menor recato; no suele atender, o minimiza, o simplemente ignora todo aquello que puede representar una objeción a su discurso; suele distorsionar las posiciones contrarias hasta ridiculizarlas; y, finalmente, acaba por atribuir a sus contrincantes todo tipo de siniestras intenciones. Su objetivo no es construir un discurso o argumento sólido - fundamentado y lógico - sino que basta con que sea efectivo.Es cierto que esta actitud está muy extendida y que, en cierto sentido, todo artículo de opinión y todo discurso político tiene mucho de advocacy. Pero hasta en esto hay grados y el caso que nos ocupa es un ejemplo de un grado extremo de advocacy que cuesta distinguir de la pura propaganda.José Carlos Rodriguez aboga, incansablemente, por lo que él llama "liberalismo" (http://www.liberalismo.org/), que en la práctica se reduce a una defensa acérrima del sistema capitalista en su vertiente más extrema: en la tradición de Ludwig Von Mises, Murray D. Rothbard y Friedrich Hayek, a quienes considera sus principales mentores intelectuales. Por lo general, comparte la filosofía y las ideas sociales y económicas de la Escuela Austríaca de economía que rechaza el método científico y el positivismo, en favor del subjetivismo; una escuela marginal, menospreciada por todas las demás corrientes del pensamiento económico actual. Una cita de Hayek quizás nos ayude a comprender las dificultades con las que uno se encuentra a la hora de analizar sus escritos : las teorías económicas, escribió en Individualism and Economic Order "nunca pueden ser verificadas o contradecidas tomando como referencia los hechos. A lo sumo, lo que podemos y debemos hacer es verificar la validez de nuestras hipótesis en cada caso concreto".Para José Carlos Rodriguez, como para otros muchos economistas, sean o no de la Escuela Austríaca, pensar en la posibilidad de que existan límites físicos, ecológicos o de otro tipo al proceso de crecimiento económico les parece una aberración. Las leyes naturales del universo físico serían algo totalmente ajeno al proceso económico, que viene sólo condicionado por la acción humana y, puesto que el ingenio humano se supone infinito, las posibilidades de crecimiento económico también. En el polo opuesto del pensamiento económico se encuentra la Economía Ecológica que inspiró Nicholas Geoergescu-Roegen con su obra The Entropy Law and the Economic Process. Para éstos, hay que entender los procesos económicos como parte integrante de la biósfera, y por tanto sujetos a interacciones, condicionantes y límites derivados de la finitud del mundo en que vivimos: un crecimiento económico exponencial y mantenido es algo inviable.Es precisamente en la cuestión de los recursos no-renovables y en la capacidad de la Tierra de absorber los residuos que genera el proceso de crecimiento económico, donde se libra la batalla entre estas dos escuelas de pensamiento.
En la mejor tradición simoniana (ver, Julian Simon, The Ultimate Resource II), José Carlos Rodriguez publicó en Ideas, la revista de Libertad Digital, tres artículos:Los Agoreros Fallan Siempre, 13 de agosto de 2004,Porqué no nos Quedaremos sin Petróleo, 20 de agosto de 2004, yLa Falacia del Desarrollo Sostenible, 27 de agosto de 2004,en los que pretende rebatir la "absurda y estrecha idea de la finitud de los recursos". Idea que, según dice, los ecologistas utilizan para "atacar sistemáticamente la libertad económica y el crecimiento", movidos por el "interés político de achacar a las sociedades libres todos los males posibles", con el propósito - y éste sería "su verdadero objetivo" - de hacerse con el poder mediante un "comité científico-ecologista" de alcance planetario. Así, alertar sobre la finitud de los recursos no-renovables, señalar las consecuencias medioambientales del desarrollo económico del último siglo, proponer un desarrollo sostenible y guiarse por el Principio de Precaución a la hora de decidir actuaciones - por ejemplo, frente al cambio climático - no serían sino "pretexto[s] ideológicos para situarse en una posición de poder que no les corresponde".Para destruir esta "absurda y estrecha idea de la finitud de los recursos" y desmontar así la estrategia de toma del poder que adjudica a los ecologistas, José Carlos Rodriguez se propone demostrar que "los recursos no sólo no se agotan sino que ... se hacen más abundantes" porque "a largo plazo, el desarrollo de la tecnología permite mayores productividades, un mejor reciclaje y la sustitución [de unos recursos por otros] ... lo que hace que la cantidad de recursos no sea más escasa sino más abundante". Por tanto, "no hay motivo para esperar que la finitud física de los materiales impida un desarrollo potencialmente ilimitado de los bienes". Así, por ejemplo, "el desarrollo tecnológico nos permitirá evitar el agotamiento del petróleo y otros minerales".En apoyo de la tesis de la progresiva abundancia de recursos, cita un artículo de David Osterfeld (The Increasing Abundance of Resources), escrito en 1984, en el que referencia al economista Wilfred Beckerman de quien dice que, "básándose en datos del Banco Mundial, ha calculado que los minerales que se hallan en la primera milla de profundidad de la corteza terrestre son suficientes para satisfacer las crecientes necesidades humanas durante cien mil millones de años", y al también economista William D. Nordhaus, para quien, "sólo con la tecnología actual ... hay recursos para más de 8.000 años". Lo cual hace hace decir a José Carlos Rodriguez que "los datos demuestran, sin lugar a dudas, que las pesimistas visiones de los neo-malthusianos no tienen base alguna", y que por tanto "es razonable desconfiar de los agoreros ecologistas por más que no dejen de repetir sus augurios". Augurios a los que él pasa revista, siguiendo a Osterfeld, explicando que una serie de predicciones que se hicieron en los últimos 100 años han resultado erróneas. Las dos más relevantes serían The Coal Question de William Stanley Jevons (1866) y The Limits to Growth del Club de Roma (1972). De pasada, recuerda también la apuesta que Ehrlich perdió frente a Julian Simon sobre la evolución del precio de las materias primas a 10 años vista.En su segundo artículo, pasa a esbozar la teoría que explicaria "la aparente paradoja de que los recursos no sólo no se agotan sino que, si se permite funcionar a la libertad de mercado, se hacen más abundantes", refiriéndose en concreto al petróleo. Dicha teoría (que más adelante bautizaría como Teoría Dinámica de los Recursos) parte de que en realidad "no deseamos esos recursos por sí mismos, sino por el servicio que nos proporcionan y que, por tanto, la cantidad física de los recursos no es importante, sino la de los servicios", y con "el avance económico y tecnológico la cantidad de servicios que se pueden obtener con la misma cantidad física de recursos aumenta". De ahí que no tengamos que preocuparnos por la finitud de los recursos físicos, porque, por ejemplo, "con un aumento de productividad anual del 5%, y de un aumento de consumo del 3%, se podría aumentar indefinidamente el consumo". En apoyo de este fenómeno, y de las mejoras de eficiencia, cita tres ejemplos: "los coches en EE.UU. andan hoy, con la misma cantidad de combustible, un 60% más de kilómetros que en 1973 ... la cantidad de carbón necesaria para mover una tonelada se redujo a menos de la décima parte de 1830 a 1890 ... [y] los cables de cobre de hoy contienen la mitad de material por metro que en los 70".Acepta, eso sí, que "las previsiones de los más pesimistas" puedan cumplirse "temporalmente" y que en determinado momento escasee un material - el petróleo, por ejemplo - y suba su precio. Pero de acuerdo con su teoría - compartida, cierto es, en este aspecto, por la mayoría de economistas - este aumento de precios desencadena una serie de mecanismos de mercado que solventan el problema. Con el aumento de precio, se restringe su uso a las aplicaciones "estrictamente más urgentes"; se incentiva una utilización más eficiente del mismo; aumentan los recursos económicos dedicados a descubrir y explotar yacimientos que antes no eran rentables; y, en última instancia, "se sustituye por otro que cumpla la misma función". Este proceso de sustitución lo ilustra con varios ejemplos: la leña por el carbón y éste por el petróleo; el cobalto por materiales cerámicos en los imanes y por manganeso en las pinturas; y el marfil por materiales plásticos.Ahora bien, y ahí está uno de los errores clave que achaca a los ecologistas, este mecanismo "no es automático, sino que depende de que las instituciones que prevalezcan en la sociedad permitan un libre desarrollo de la empresarialidad y el ingenio humanos", y por tanto, "en contra de lo propuesto por el ecologismo, no hay que aumentar la planificación y el control ambiental, sino tener una mayor confianza en la libertad". A lo que añade que "el tipo de sacrificios que impone el Desarrollo Sostenible ... redundarían en un menor crecimiento, y por tanto en menores bienes y servicios para el futuro", ya que "la riqueza del futuro se construye a partir de la acumulada anteriormente, y si la sacrificamos hoy, mañana habrá menos con que crear".Cierra su trilogía con una cita de uno de sus autores preferidos, George Riesman (Capitalism) : "la clave última de la disponibilidad económica de los recursos naturales es la inteligencia humana motivada, lo cual quiere decir una sociedad capitalista", que creo que resume perfectamente su intención al escribir estos artículos.___________________________________________________Estos artículos, como casi todos los de José Carlos Rodriguez, son un ejemplo casi perfecto de lo que en inglés se conoce por advocacy, que significa actuar en apoyo de una causa, de una idea o de una política concreta, y que quizás podríamos traducir como abogar por. En este sentido, es la antítesis de lo que también en inglés se conoce por critical thinking y que equivaldría a pensar con fundamento, buscando la verdad de las cosas, sea ésta cual sea. De la misma forma que la misión de un abogado defensor no es esclarecer la verdad, sino obtener la absolución de su defendido, el objetivo de quien practica la advocacy es convencer, incluso por encima de la realidad o veracidad de los hechos o ideas que se discuten. Es, en cierta forma, una técnica de venta.Por eso, quien practica la advocacy suele ser poco cuidadoso con los hechos y los datos; suele recurrir a los prejuicios de su audiencia utilizando todo tipo de falacias sin el menor recato; no suele atender, o minimiza, o simplemente ignora todo aquello que puede representar una objeción a su discurso; suele distorsionar las posiciones contrarias hasta ridiculizarlas; y, finalmente, acaba por atribuir a sus contrincantes todo tipo de siniestras intenciones. Su objetivo no es construir un discurso o argumento sólido - fundamentado y lógico - sino que basta con que sea efectivo.Es cierto que esta actitud está muy extendida y que, en cierto sentido, todo artículo de opinión y todo discurso político tiene mucho de advocacy. Pero hasta en esto hay grados y el caso que nos ocupa es un ejemplo de un grado extremo de advocacy que cuesta distinguir de la pura propaganda.José Carlos Rodriguez aboga, incansablemente, por lo que él llama "liberalismo" (http://www.liberalismo.org/), que en la práctica se reduce a una defensa acérrima del sistema capitalista en su vertiente más extrema: en la tradición de Ludwig Von Mises, Murray D. Rothbard y Friedrich Hayek, a quienes considera sus principales mentores intelectuales. Por lo general, comparte la filosofía y las ideas sociales y económicas de la Escuela Austríaca de economía que rechaza el método científico y el positivismo, en favor del subjetivismo; una escuela marginal, menospreciada por todas las demás corrientes del pensamiento económico actual. Una cita de Hayek quizás nos ayude a comprender las dificultades con las que uno se encuentra a la hora de analizar sus escritos : las teorías económicas, escribió en Individualism and Economic Order "nunca pueden ser verificadas o contradecidas tomando como referencia los hechos. A lo sumo, lo que podemos y debemos hacer es verificar la validez de nuestras hipótesis en cada caso concreto".Para José Carlos Rodriguez, como para otros muchos economistas, sean o no de la Escuela Austríaca, pensar en la posibilidad de que existan límites físicos, ecológicos o de otro tipo al proceso de crecimiento económico les parece una aberración. Las leyes naturales del universo físico serían algo totalmente ajeno al proceso económico, que viene sólo condicionado por la acción humana y, puesto que el ingenio humano se supone infinito, las posibilidades de crecimiento económico también. En el polo opuesto del pensamiento económico se encuentra la Economía Ecológica que inspiró Nicholas Geoergescu-Roegen con su obra The Entropy Law and the Economic Process. Para éstos, hay que entender los procesos económicos como parte integrante de la biósfera, y por tanto sujetos a interacciones, condicionantes y límites derivados de la finitud del mundo en que vivimos: un crecimiento económico exponencial y mantenido es algo inviable.Es precisamente en la cuestión de los recursos no-renovables y en la capacidad de la Tierra de absorber los residuos que genera el proceso de crecimiento económico, donde se libra la batalla entre estas dos escuelas de pensamiento.